SOBRE MÍ
Soy Verónica Boero, psicoterapeuta y psicóloga general sanitaria. Llevo 23 años de trayectoria profesional.
Mi recorrido profesional comenzó en Chile, donde trabajé como psicóloga clínica en el ámbito de la salud mental infantil en dispositivos públicos. Fue una etapa profundamente formativa, enriquecedora a nivel humano y clínico, marcada por el trabajo con una infancia impactada por situaciones de vulnerabilidad social, violencia o traumas tempranos graves.
Hace 17 años me trasladé a Cataluña, donde continué mi desarrollo profesional y personal. Este cambio significó una expansión decisiva en mi trayectoria: aquí me formé y especialicé en psicoterapia, consolidando una mirada más integral y profunda sobre los procesos de cambio y bienestar psicológico en infancia, adolescencia, adultos y parejas. A lo largo de estos años, he combinado la práctica clínica con la docencia y la investigación.

¿Cuál es mi enfoque?
Parte de una visión humanista con aporte de la psicología dinámica y sistémica.
Mi práctica clínica me ha enseñado que los síntomas no son hechos aislados, sino formas de expresión del mundo psíquico frente a la historia relacional de cada persona: vínculos tempranos, pérdidas, silencios y heridas que dejan huella en niños, niñas y adultos.
El sufrimiento se inscribe en los lazos, y es también allí donde puede comenzar a transformarse. El síntoma o el malestar psicológico —ansiedad, tristeza, inseguridad, tensiones corporales o dificultades vinculares— es una forma de comunicación: una señal que invita a ser escuchada y comprendida, más que silenciada.
Consultar a tiempo es un acto de cuidado. Con acompañamiento, es posible comprender, generar nuevos recursos y favorecer cambios que mejoren la calidad de vida y las relaciones. No siempre implica iniciar un tratamiento, pero sí puede ofrecer orientación y prevención.
Mi práctica clínica me ha enseñado que los síntomas no son hechos aislados, sino formas de expresión del mundo psíquico frente a la historia relacional de cada persona: vínculos tempranos, pérdidas, silencios y heridas que dejan huella en niños, niñas y adultos.
El sufrimiento se inscribe en los lazos, y es también allí donde puede comenzar a transformarse. El síntoma o el malestar psicológico —ansiedad, tristeza, inseguridad, tensiones corporales o dificultades vinculares— es una forma de comunicación: una señal que invita a ser escuchada y comprendida, más que silenciada.
Consultar a tiempo es un acto de cuidado. Con acompañamiento, es posible comprender, generar nuevos recursos y favorecer cambios que mejoren la calidad de vida y las relaciones. No siempre implica iniciar un tratamiento, pero sí puede ofrecer orientación y prevención.
“El síntoma es una vía, no un error: un intento de decir aquello que aún no ha sido escuchado.”

¿Cómo se articula esto con mi práctica actual?
Tras más de diez años de experiencia clínica en Barcelona acompañando a adultos, niños, adolescentes y familias, inicio una nueva etapa centrada en el trabajo en consulta privada. Todo lo aprendido en este recorrido —tanto en la práctica clínica como en la formación continua— se integra hoy en una mirada que entiende el malestar psíquico como algo complejo, con raíces múltiples, que no puede reducirse a etiquetas ni a soluciones rápidas.
Vivimos tiempos en los que el sufrimiento —la tristeza, el duelo, la ansiedad o las crisis vitales— se medicaliza o se interpreta como un fallo personal, desconectándolo de su contexto social y relacional. Pero no siempre es la persona la que “falla”, sino una sociedad que exige demasiado y escucha poco.
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